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lunes, 18 de mayo de 2009

Escándalos sacerdotales y prioridades sociales: padre Alberto vs. perversiones reales

Muchos ya se habrán enterado por TV, por internet o por la vecina fastidiosa del escándalo desatado en USA cuando encontraron al padre Alberto Cutie (televisivamente famoso, al estilo del padre Pablo criollo en otros tiempos) en la playa, acurrucado con una mujer.

Una de las "escandalosas" fotos

En el momento del "meeeega escándalo", dos cosas se disputaban el primer lugar en mi mente. Por un lado, mi cada vez más marcado carácter laico; por otro y nada contradictorio con el anterior, la escala de valores de nuestra sociedad, y cómo ésta se deja escandalizar por lo trivial más que por lo verdaderamente importante.

El padre Alberto

Curas de verdad

No entiendo como un sacerdote está capacitado para dar consejos sobre la familia cuando ni siquiera tiene una. No diré que un hombre sin un matrimonio e hijos está incompleto, pero un hombre sin LA ALTERNATIVA de tener matrimonio e hijos sí está incompleto.

Cuando Jesús vino al mundo, quería que nosotros fuésemos buenos judíos. Como siempre, alguien llega a tergiversarlo todo, y terminamos siendo cristianos no tan buenos. Igualmente, el celibato es un poco sacado de la manga, y pareciera responder a una creencia que se suponía ya desterrada: que el sexo y la relación de pareja en general es algo pecaminoso.

A mí me da mucha risa el cuento del pecado original. A quienes decían -o dicen- que el pecado original fue el sexo, siempre les he preguntado, ¿entonces como se supone que nos ibamos a reproducir?, ¿es pecado tener intimidad?, ¿es pecado tener familia, con lo mucho que la defiende la iglesia?. ¿No podríamos pensar que simplemente se trata de una historia de desobediencia?

En fin. Le tendría más respeto a un cura que me diera consejos sobre la vida si él tuviese que lidiar a diario con las mismas cosas que enfrento yo: enamorarse, pensar si es la persona correcta o no, establecer una relación de pareja, casarse, tener hijos, problemáticos o no, tener crisis matrimoniales y esas cosas que hoy en día los sacerdotes juzgan sin saber de lo que están hablando.

La escala de valores y por qué esto no es tan grave

Ok. El sacerdocio exige celibato y a este padre no le salió muy bien. Sin embargo, me parece menos grave que un sacerdote tenga relaciones con una mujer mayor de edad y en plenas facultades físicas y mentales, a que lo haga con menores.

Napoleón Sasso, culpable de abusar de 5 niñas de entre 5 y 12 años que asistían al comedor de su iglesia

En el mundo existen cientos de casos de religiosos pedófilos que han abusado de niños de su comunidad. Sin embargo, la sociedad nunca ha armado con ellos un escándalo tal como el del padre Alberto. ¿Es porque el padre Alberto sale en TV y los demás no?

Entonces, no entiendo la escala de valores de esta sociedad. Al menos esa mujer eligió estar con el padre Alberto, y tenía plena capacidad de decisión para hacerlo. En cambio, los cientos -o quizás miles- de niños abusados por religiosos pedófilos no eligieron eso, o fueron sentimentalmente manipulados para terminar envueltos en una de las peores perversiones de la humanidad.

Por hechos como este no le presto demasiada atención a la opinión pública. Si las personas que hoy están protestando frente a la iglesia del padre Alberto porque lo vieron con una mujer en la playa se hicieron las locas cuando estos casos de pedofilia salieron a la luz, creo que no merecen demasiada atención.

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miércoles, 6 de agosto de 2008

Catolicismo en el país más incrédulo del mundo (featuring: el Chapulín Colorado)

Se supone que acá en Venezuela hay mayoría católica. (Cuando intenté escribir católica cometí un typo y escribí católoca, ¿relevante?) A su manera, cada quien va a la iglesia cuando se le ocurre, comulga, se confiesa (sí, en ese orden) y dice el credo y el yo pecador.


Curiosamente, la política demuestra que un gran sector del país está inundado por una incredulidad que no sé a qué se podría atribuir.

Cuando Chávez propuso la Ley de Tierras, y todo el mundo se alarmó ante las posibles expropiaciones, una gran masa salió exclamando desde sus casas "no vale, yo no creo que vaya a hacer eso, no creo que lo dejen..."

Cuando el mesmo dijo que iba a botar a media PDVSA, otra multitud dijo "nooooo vale, yo no creo que lo dejen, aquí la gente se arrecha y no lo deja"


Luego, cuando dijo que cerrarían RCTV, "yo no creo que lo dejen, aquí todo el mundo ve ese canal"

Cuando lanzó la reforma, la perdió y dijo que la metería como fuera, con vaselina si era necesario: "yo no creo, ya la gente se despertó, no creo que lo dejen"

Cabe acotar que ya tenemos unos 8 años con ley de tierras y cantidad de expropiaciones, ni recordarles el desastre que se hizo con PDVSA, RCTV ya cumplió un año fuera de señal abierta y nos acaban de meter 26 leyes en Gaceta a punta de vaselina habilitante.

Mientras, las multitudes que se empeñaban en decir "de este año no pasa" han dejado de creer, al hacer la profecía por más de seis años seguidos y ver que no pasaba nada.

Me pregunto cómo el catolicismo, una religión basada en un 80% en cosas que no puedes ver ni comprobar, tuvo tanto éxito en una sociedad tan incrédula como esta. Irónico, ¿no?


Podría atribuirle esa incredulidad venezolana al síndrome del Chapulín Colorado. Ese "no vale, yo no creo" sucedido por una inactividad completa, es equivalente a cuando el Chapulín se va a enfrentar al malo y, por temor a ir, hacer algo y que lo jodan, dice: "si vooooy"


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viernes, 21 de marzo de 2008

Algo de asco santo

La tele nos bombardea con la semana santa, sus devotos y sus absurdos. En una encuesta que realizara Globovisión a los transeúntes sobre el significado de estas fechas, una señora respondió que la semana santa es como un 31 pero sin beber. Otro entrevistado aseguró que haría todo lo posible, lo que estuviese a su alcance, para ir a misa (como si eso ameritara subir el pico El Aguila parado de manos)

Estemos claros. Para la mayoría de la población, semana santa es un puente. Para otros, una época llena de misticismo, digna para aglomerarse en la iglesia Santa Teresa a pagar promesas. Ya di mi opinión al respecto en uno de mis primeros posts en este blog: No pague su milagro... inviértalo y multiplíquelo.

Más allá de eso, tuve que ver como el papa Benedicto XVI cumplía con la milenaria tradición del lavatorio de pies: él, con su atuendo de miles de euros lavaba los pies de 12 sacerdotes con atuendos de miles de euros, utilizando para ello implementos de oro sólido. Todo esto para demostrar su humildad.

¿Humildad?

La Iglesia Católica nada en ostentaciones de oro, piedras preciosas, telas costosas y demás implementos que ayudarían a mantener a todos los niños en situación de calle de sus comunidades. El Vaticano está lleno de incontables riquezas materiales que nada tienen que ver con la espiritualidad de la que tanto se habla, y que nada útil hacen allí.

No soy católica, pero por muchos años fui criada en el catolicismo por imposición escolar (práctica frecuente y perversa en este país) Me terminé de desencantar el día antes de mi bautismo, en la iglesia La resurrección, en Ruiz Pineda. Ensayábamos el acto y apareció una indigente apedreada pidiendo ayuda, a la que el padre que me bautizó mandó a echar de la iglesia. ¿Acto de buen cristiano? No lo creo.

El caso es que entiendo aquello de lo que hablo desde la vivencia personal. Simpatizo un poco con los Franciscanos, pero el clero en general me causa náuseas. Aún así, no invado la Conferencia Episcopal ni rayo graffittis en iglesias, porque entiendo que para el 80% de los venezolanos, éstas tienen un gran significado. Incluso a mí me agradan, únicamente desde el punto de vista arquitectónico y hasta sociológico-antropológico.

Para mí, la semana santa se volvió un puente más. Creo en Cristo, pero no en todo lo que lo rodea hoy en día. Mi creencia se queda entre él y yo.


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