viernes, 4 de febrero de 2011

¡Felicidades a todos los fracasados en su día! (a propósito del 4F)

Tal día como hoy, en el año 1992, el actual presidente Hugo Chávez, el actual diputado Francisco Arias Cárdenas y los no muy bien ponderados por este régimen, Jesús Urdaneta y Yoel Acosta Chirinos, intentaron derrocar el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Podríamos pensar en la incorrecta apología al delito que representa celebrar un golpe de estado en cadena nacional y abusando para ello del dinero del Estado, tan necesitado por los afectados por las lluvias. Incluso podríamos pensar en cuantas veces el mandatario que hoy celebra ha criticado el "Carmonazo", y cuantas veces llamó "Goriletti" al militar Roberto Micheletti por darle un golpe de estado a su compadre, Manuel Zelaya.

Sin embargo, más allá de esto, hay muchos otros factores a considerar.


En primer lugar, está la falta de respeto a la memoria de quienes fallecieron ese sangriento día. Además, la tortura que hacen padecer a los familiares de estos muertos que ninguno de esos militares siquiera "pagó".

Lo más cumbre de este día es que quien promueve su celebración, Hugo Chávez, fue la pieza clave para que toda la operación fallara.

Arias, Urdaneta y Acosta lograron el control de sus puntos. Pero toda la operación se vino abajo porque lo que tenía que ejecutar Chávez (tomar el control de Caracas), no se hizo.

Chávez fracasó, y echó por tierra el esfuerzo de todos los rebeldes del MBR200. Sin embargo, celebra.

Por ello, el 4 de febrero sólo puede ser una cosa: el día de los fracasados. Por otra parte, también podría ser el día en el que se impuso que la violencia, el arma de los que no tienen razón, iba a ser lo moralmente aceptado en el nuevo gobierno.

Así que comiencen a enviar sus correos corporativos de "Feliz día de los fracasados" cada 4 de febrero.

Y dediquen unos minutos a pensar en las personas que fallecieron por la ambición personal de un hombre.

1 comentario:

Harold dijo...

Totalmente de acuerdo. Pequeño detalle, Roberto Micheletti no era militar, sino el presidente del Congreso Hondureño, electo democráticamente para ocupar el cargo.