jueves, 11 de noviembre de 2010

El chavismo feminista y el radicalismo islámico fueron al campo un día

(Antes de continuar con el tema del plagio, un break no muy ligero)

Hace unos días supe que la Mesa de la Unidad Democrática había instado al presidente Hugo Chávez a asumir una posición sobre la condena a muerte de la iraní Sakineh Ashtiani, a quien se quería lapidar por mantener relaciones con un hombre luego de enviudar. Ahora se le quiere ahorcar por otros cargos inventados a raíz del descontento internacional.


Veintiúnica foto de Sakineh que conocemos

El caso es que, hasta ese momento, no había establecido de manera consciente la contradicción entre el "socialismo feminista" que predica Chávez y la estrecha relación con la República Islámica, en la que un burro vale más que una mujer.

Sí, hemos visto varias veces a Chávez decir "yo soy feminista", y luego abrazarse con el promotor de un sistema de Gobierno mezclado con religión y radicalismo, en el que todavía la legislación contempla lapidar mujeres infieles, aunque ahora digan que en realidad no harán eso.

Anteriormente, la MUD hizo un pronunciamiento sobre el ganador del Premio Nobel de la Paz 2010, el disidente chino Liu Xiaobo. En un comunicado exigían al gobierno de ese país la liberación del activista.

Liu Xiaobo no robó ni mató, firmó un documento pidiendo elecciones en China

En ese momento, Chávez declaró contra la mesa y gritó ¡viva China!, pero esquivó muchísimo hablar del caso particular de Liu diciendo que China es un país soberano y que ellos tendrán sus razones para tenerlo detenido.

Sin embargo, ¿cómo alegar soberanía ante la pena de muerte? y, sobre todo, ¿cómo alegar soberanía ante la pena de muerte a una mujer cuando te autodefines como feminista?.

Como punto secundario, ¿cómo criticar la "barbarie" del "imperio" y no oponerte a la pena de muerte y a la degradación de la mujer que ejerce la República Islámica de Irán?.

Seguramente Chávez sabrá cómo torear la situación. Probablemente el modo no tenga que ser "comprensible", como muchos otros. Pero sin duda, es todo un dilema, y una demostración de que la MUD se está colocando en un terreno político de acción más que de reacción.

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