jueves, 1 de abril de 2010

Relatos desde Cuba (parte I)

Hace poco, una de mis grandes amigas tuvo la suerte de viajar a Cuba. Digo "suerte" porque es muy enriquecedor para cualquiera comprobar la situación real de la isla en vez de dejarse llevar por discursos políticos sobre el "mar de la felicidad".

Por una parte, mi amiga me cuenta que el lujo del lugar donde estaba hospedada era impresionante, al igual que las bellezas naturales de las playas y paisajes. Sin embargo, la realidad de los pobladores es otra.

Dice que la gente está siempre pendiente de cobrarte por darte cualquier tipo de servicio. A ella, por ejemplo, le cobraron unas medias nuevas a cambio de devolverle una pelota que se le había escapado de una cancha donde jugaba.

Por supuesto, esto tiene una razón de ser. Me explica que allá funcionan dos tipos de cambio. Mientras lo dice, resalta lo "familiar" que le suena el concepto. Por el funcionamiento de este tipo de cambio, la moneda oficial termina valiendo de manera ficticia más que un euro a la hora de cambiarla, pero no a la hora de ejercer el comercio en la isla.

Navegar por internet en el hotel donde se encontraba le costaba 20 dólares, aparentemente por hora. Si bien el precio es ridículo, no es sino una muestra de las tarifas que allí funcionan.

Sobre las necesidades que pasan sus habitantes, ya mi novio me había adelantado que en las casas normalmente venden comida a los turistas, quienes van prácticamente con dos lochas y salen cual romanos de un banquete, pues todo es muy económico.

Este tipo de negocios surgen por la extrema necesidad que allí se vive. Mi amiga también dice que todos los carros son de los años 50 o 60, y que los únicos que tienen carros del año son los altos funcionarios.

Lo peor de este sistema es que incluso la placa te delata. El "pueblo" tiene la placa de un color distinto a los funcionarios medios, y éstos también se diferencian así de los altos funcionarios, en una especie de desigualdad medieval que contrasta con el concepto socialista.

Hoy en el twitter decía que no creo que los cubanos estén tan locos para saltar al mar en una balsa, enfrentando tormentas, enormes olas y tiburones, arriesgándose a perderse en altamar y morir de hambre, de sed o de insolaciones, bajo el riesgo de ser atrapados por funcionarios de inmigración antes de llegar a pisar tierra, si todo estuviese "de maravilla" en Cuba.

Esa es una realidad a la que aparentemente el chavismo se niega a abrir los ojos, pero es la realidad más contundente e irrefutable que existe en estos dimes y diretes del socialismo del siglo XXI.

Y este no es el único testimonio sobre Cuba que escuché.

1 comentario:

DINOBAT dijo...

Yo crecí escuchando historias e historias de Cuba, todas las que te puedas imaginar (tengo razones para ello)...triste realidad, pero cierta...ojalá y Venezuela escape de ese trance maldito llamado comunismo...