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lunes, 13 de enero de 2014

Mónica Spear, Gaby Espino y la inseguridad: Culpar a la víctima no es sólo cosa del Gobierno

Previamente, escribí un post para desahogar mis confusos sentimientos acerca de la terrible tragedia de Mónica Spear, Thomas Berry y la pequeña Maya, ahora huérfana y recuperándose de su herida. Los días posteriores a esa publicación, seguí de cerca las reacciones, rogando que esta vez la indignación por la inseguridad no pasara en cuestión de horas, cubierta por la nueva cortina de humo enviada desde el Gobierno.

 Llama mi atención un tuit (borrado) de Gaby Espino, artista que tiene varias cosas en común con Spear: es venezolana, trabaja en el exterior y es madre. Espino manifestó que, aunque ama a su país, no vuelve a poner un pie allí debido a la inseguridad. Las reacciones no se hicieron esperar, aunque no eran las que esperaba.



Criminalizando el miedo 


 Luego del tuit en el que Espino expresara su legitimo miedo de visitar Venezuela, los ataques en Twitter fueron masivos. La gente le decía ridícula, la culpaba de "renegar de su país", entre otras cosas que, realmente, jamas sucedieron.

 Ella se defendió expresando su preocupación de que a ella o a su familia les podía pasar algo, como acaba de sucederle a Spear hace apenas días.



 Lo que mas me cuesta entender hasta el momento es: ¿quien puede culpar a alguien por no querer que lo maten, por querer proteger a sus hijos o por no querer dejarlos huérfanos?

Estoy segura de que, si Spear hubiese podido prever su futuro, hubiese tomado la misma decisión. Nadie quiere morir y dejar huérfana a su hija. Para Espino, esta es su oportunidad de prever y evitar un futuro fatídico.

Y en cuanto a los que dicen que su decisión es respetable pero es cuestionable que la divulgue en redes sociales, ni siquiera le responderé con el argumento de la libertad de expresión, un derecho fundamental que ha sido tan pisoteado en Venezuela que hasta cuesta recordar.

Simplemente les recordaré lo importante que es, en estos momentos de ambigüedad política respecto a derechos fundamentales, que venezolanos con notoriedad se pronuncien sobre la gravedad de la situación del país, sobre sus miedos, angustias y puntos de vista.

Atacando las consecuencias en lugar de la causa


Sinceramente, yo misma tengo miedo de visitar Venezuela. Si bien mi situación actual no me lo permite, me gustaría visitar a mi familia, especialmente a mi abuela que no puede visitarme. Días antes del suceso de Spear, conversaba sobre esto con mi pareja.

Sin embargo, luego de lo sucedido, mi memoria se refresca y de nuevo pienso en las 10 veces que me robaron, todas violentas, 9 a mano armada.

Pienso en las dos veces en las que se vio en los rostros de los maleantes que estuvieron a punto de dispararme a pesar de cumplir con sus demandas.

Pienso en la vez en que la policía me disparó por estar cerca de una marcha (ni siquiera participando en ella) y afortunadamente no me atinaron.

Pienso en la vez en que me tuve que lanzar de un autobús en movimiento para salvarme de un robo, y en que una semana mas tarde, una señora intento hacer lo mismo y falleció de una fractura en el cráneo.

Pienso en la vez en que, caminando por el bulevar de Sabana Grande, vi a un hombre caminar hacia mi sacando una pistola y corrí lo mas rápido que pude a refugiarme en un centro comercial para luego escuchar los disparos desde una tienda de ropa para bebe donde no entendían absolutamente nada de lo que estaba pasando.

Pienso que, aun cuando esta enumeración puede parecer en otro contexto excesiva violencia para una sola persona, las estadísticas me han favorecido con el solo hecho de permitirme estar con vida.

Por eso, yo no culpo a Gaby Espino porque yo me siento exactamente igual, y cualquier persona que medianamente aprecie su vida debería sentirse de la misma manera.

¿Saben a quien si culpo? Al Gobierno, responsable según la Constitución Bolivariana de la seguridad de los ciudadanos en Venezuela. Y me pregunto por que tanta gente invierte tanto tiempo en culpar a Gaby Espino por no querer que la maten en vez de pedir al Gobierno que cumpla su deber de proteger a los ciudadanos para los que trabaja. Porque no olvidemos que el Gobierno no es amo del pueblo, es su empleado y, como tal, debe responderle.


viernes, 1 de noviembre de 2013

#NoSomosUnMito: Los venezolanos en el exterior (al igual que los que siguen en Venezuela) no queremos ser ignorados

Hoy, primero de noviembre, fue un día bastante interesante en las redes sociales.

Una de mis mejores amigas, que vive en España desde hace ya varios meses, me etiquetó en Facebook en una publicación en la que compartía declaraciones del ministro de la Juventud, Héctor Rodríguez.

Cuando le preguntaron sobre la "fuga de cerebros", la migración de jóvenes profesionales venezolanos por falta de oportunidades, seguridad, calidad de vida o incluso tolerancia, que "eso es un mito".

Casi inmediatamente publiqué la noticia con un llamado a enviar saludos al ministro en Twitter con el hashtag #SiExistimos. Luego, una de mis ex compañeras de estudios en la UCAB sugirió usar un mejor hashtag: #NoSomosUnMito. Me gusta.



Ya algunos jóvenes profesionales, venezolanos en el exterior, han comenzado a usar el hashtag para hacerle saber al ministro que existimos, que el hecho de negar la evidente realidad no la hace desaparecer. Pero hay mucho más allá en esto que la simple indignación de ser negados en nuestra existencia.


La ceguera y el "vernos la cara"

Viví 25 años y medio en Venezuela, y ya llevo 2 años y medio en Canadá. El factor común durante todas esas experiencias, con relación a la actitud que he visto desde el Gobierno, es el hecho de:

1. ignorar los problemas porque se piensa que así van a desaparecer,
2. verle la cara de estúpidos a sus seguidores, irrespetar a quenes los pusieron en cargos públicos pensando que van a alterar su visión de la realidad con mentiras y,
3. ignorar en general a todos los venezolanos y sus problemas, como si no se tratara de "el soberano" que a fin de cuentas paga sus salarios con impuestos y trabajo.

De más está decir que al Gobierno oficialista se le olvidó hace mucho tiempo que se debe a los venezolanos, que son los venezolanos los que deciden lo que quieren comer, lo que quieren ver en televisión y los gobernantes que quieren en el poder. Que los venezolanos decidieron que diputados que hoy son vetados en la Asamblea Nacional los representaran.

Creer que se tiene la verdad en las manos, tener poder, es algo peligroso, ya que distorsiona la visión de la realidad para la mayoría de las personas que lo ostentan.

Lamentablemente, el Ministro con sus declaraciones no sólo está ignorando a los venezolanos en el exterior, está ignorando a todos los venezolanos en general y sus necesidades, su clamor y su voluntad.

Sepa usted, ministro Rodríguez, que #NoSomosUnMito. Somos venezolanos de carne y hueso que sentimos y padecemos, pero en algún momento nos cansamos de ser ignorados por el Gobierno que debería servirnos, pero que ignora nuestro llanto ante la inseguridad, el desempleo y la escasez llamándonos golpistas y conspiradores.

Gobierno que no sólo tiene una visión completamente distorsionada de la realidad de su país sino que se niega a escuchar a su población y sólo escucha a quienes aplauden de manera complaciente cualquier disparate, cualquier medida que pone paños calientes sobre la grave situación de Venezuela pero no apunta a solucionar ni un poquito el dolor del venezolano.

No sólo existimos y queremos ser escuchados, queremos que TODOS los venezolanos sean escuchados, no nada más aquellos que le resulten convenientes.

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