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viernes, 21 de noviembre de 2014

Chino, Nacho y Caracas Suena: La censura hecha pueblo

Todos conocen los hechos: el Gobierno organiza un festival de música con recursos del Estado, en cuya plantilla se encontraba sólo un grupo no identificado con el Gobierno: el dúo Chino y Nacho. Los partidarios del Gobierno inundaron Twitter pidiendo al Gobierno que los eliminara del evento, y ellos mismos se retiraron para evitar polémica.

Mientras el chavismo celebra porque "los fascistas no estarán presentes" y los opositores celebran porque "esos muchachos son un ejemplo de dignidad", yo no sólo no celebro sino que me entristezco. Estas son las razones:


1. La intolerancia y censura ya no son cosa del Gobierno, han calado en el pueblo

Ya no es el Gobierno quien impone la censura, son sus seguidores quienes la piden. Ellos, activamente, pidieron eliminar a Chino y Nacho de la lista de un evento por el simple hecho de haber tuiteado en solidaridad con Leopoldo López. 

El Gobierno no tuvo que mover un dedo, todo lo hicieron sus seguidores, quienes ya no tienen suficiente con la muerte o compra de casi todos los medios independientes del país.


2. La línea que separa Estado y Gobierno HACE RATO que dejó de existir

Cabe destacar que el festival Caracas Suena es financiado con recursos del Estado, con impuestos que pagamos TODOS LOS VENEZOLANOS, con recursos de los que nos deberíamos beneficiar todos por igual. 

Ya no es suficiente con negarle créditos y ayudas, empleos o incluso comida a quienes firmaron contra el Gobierno, También se les niega la oportunidad de estar representados en un evento pagado con su dinero, en el que seguramente, como en todos los eventos similares, habrá proselitismo político para regalar.


3. Ambas mitades del país son incapaces de reconocer a la otra

La fractura entre las dos mitades del país es cada vez más profunda. Los partidarios del Gobierno pidiendo que se saque de un evento financiado con el dinero de todos los venezolanos al único grupo que medianamente representaba a la mitad del país que no está de acuerdo con el Gobierno pero contribuye igualmente a los recursos del país es una manifestación inequívoca de los partidarios del Oficialismo pisoteando, ignorando y humillando a esa otra mitad del país que no cree en el sistema actual.

Si alguna vez existieron ciudadanos de tercera en Venezuela, es ahora. A aquellos que no se sienten identificados con el Gobierno (se sientan o no identificados con la oposición, ya que muchos ni siquiera lo sienten) se les deja bien claro lo siguiente: "vas a trabajar, pagarnos IVA e ISLR, pagar por cualquier papel o trámite que necesites, pagar lo que te digamos que tienes que pagar si necesitas dólares, te vamos a desangrar para que contribuyas con el Estado. Pero no vas a tener ningún beneficio por eso, no vas a estar representado en ninguna parte. Te vamos a humillar, insultar e ignorar como nos dé la gana, pero ni se te ocurra atrasarte con tus pagos"

Esa es la gran oferta del Gobierno que ofreció igualdad.


4. Las oportunidades de conciliación y cambio se ven cada vez más lejanas

Cuando es el pueblo el que pide censura sin que al Gobierno se le haya ocurrido aplicarla, estamos hablando de un cambio de mentalidad muy grande e importante. 

Cuando dos mitades del país son incapaces de reconocer la existencia de la otra, estamos hablando de un nivel de división tan grande que ha llevado a países a separarse geopolíticamente.

Me pregunto si algún oficialista se habrá detenido a pensar que, la misma frustración y falta de representación que ellos sentían en la IV República y que llevó a protestas, sucesos y la aprobación popular de un intento edegolpe de Estado, es la misma que hoy siente la oposición. 

Empatía, amigos. Hace rato dejamos de ponernos en los zapatos de otros para absorber el egoísmo en su más puro estado. El pronóstico se pone cada vez peor, y a todos nos duele en el alma. 

viernes, 9 de mayo de 2014

Una de las cosas que tenemos en común oficialismo y oposición

Para describir nuestras diferencias, creo que nadie mejor que los líderes políticos actuales. Desde ambos bandos se utiliza el poder del vocabulario para diferenciar al otro, para convertirlo en objeto y hacer más fácil el dejar de verlo y encontrarlo como compatriota.

“Escuálidos” o “enchufados”, “apátridas” o “chabestias”, ya todos nos sabemos las etiquetas de memoria. 

Pero resulta que tenemos también tanto en común.

Contrario a lo que puedan pensar muchas personas del oficialismo, quienes nos consideramos oposición no somos como los villanos de las caricaturas, que quieren destruir el mundo y no sé dónde pretenden vivir luego. Nosotros no queremos destruir el país, nosotros pensamos que el país está siendo destruido, y que puede estar mejor en otras manos.

Quienes estamos de este lado del conflicto somos diversos, no somos una masa uniforme que piensa igual y respalda todas las medidas de quienes han terminado por representarnos en el escenario político ante la opinión pública. Nosotros no queremos que vuelvan los vicios del pasado, pero tampoco queremos quedarnos con los vicios del presente. Queremos un futuro mejor, no una vuelta al pasado, porque no todo tiempo pasado fue mejor como dicen muchos.

¿Saben lo que sí somos? Personas al borde de la desesperación y la impotencia luego de haber sido sistemáticamente ignorados, despreciados e insultados durante los últimos 15 años. ¿Sabes, amigo chavista, por qué eso te suena tan familiar? Porque era lo mismo que tú sentías antes, con la que llamas la IV República que no volverá.

¿Y sabes qué pasó en aquel entonces cuando muchos de quienes hoy son fervientes oficialistas se cansaron de ser ignorados, despreciados e insultados? El oficialismo ha dado en llamarlo “el despertar del pueblo”. Hechos como El Caracazo, que hablan de la impotencia y la desesperación que estallan y terminan en hechos lamentables y bochornosos que luego queremos glorificar porque, por lo visto, no había otra manera.

El último resultado electoral habla de dos mitades de país que no sólo tienen dos visiones de país diferentes y aparentemente irreconciliables, también habla de una necesidad de conciliación. Sin embargo, el discurso de la división sigue prevaleciendo.

Sin ánimos de justificar la violencia, ¿qué esperaban que pasara con la población ignorada, despreciada e insultada durante los últimos 15 años si el Gobierno continúa ignorándolos, despreciándolos e insultándolos? 

La gente se cansa. La gente se cansó de la IV y salió a las calles, y hoy esos hechos son glorificados.

¿Qué sugieres que haga la mitad del país que no tiene cabida en este sistema?, es decir, ¿qué harías tú si vivieras en un país donde el Gobierno te ignora, te insulta y te desprecia?, ¿qué hiciste en su momento cuando la IV República te ignoraba, te insultaba y te despreciaba?

La mejor cura para evitar la violencia es siempre ponerse en los zapatos del otro. Lamentablemente, en un país tan polarizado que no reconoce la existencia del otro, nos queda difícil.

 ¿Habrá algún esfuerzo? Veremos...
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