miércoles, 28 de diciembre de 2011

La epidemia invisible y la paranoia conspirativa

Hoy día de los inocentes decidí actualizar el blog con una noticia que, a primera vista, me pareció una broma de los medios de comunicación para hacernos caer en una inocentada. Pero no.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela y una de las "personalidades" cuyo cáncer -negado 3 veces como Cristo- está entre los más seguidos del mundo, lanzó una sospecha al aire.

Luego de que Lula Da Silva y Cristina Fernández se sumaran al club de líderes latinoamericanos con cáncer, previamente iniciado por Fernando Lugo y Dilma Rousseff, a Chávez se le ocurrió pensar que tal vez el imperio podía estar librando una guerra biológica contra ¿la espada de Bolívar?.


Pero, más allá de la teoría absurda, de la acostumbrada declaración disparatada e incendiaria que genera cortinas de humo en los momentos más convenientes (como el cierre del año sin la cantidad de viviendas prometidas por el gobierno de Chávez, por ejemplo), lo que verdaderamente llamó mi atención fue que al presidente venezolano le "extrañara" que todos ellos hubiesen contraído cáncer.

Si pensaramos en los líderes latinoamericanos como semi dioses que están más allá del bien y el mal, a los que no afectan los males mundanos del común de la gente, tal vez tendría sentido hacer esta presunción. Pero para alguien que dice "ser del pueblo", el "extrañarse" de que estas "personalidades" hayan adquirido cáncer es el indicio de una completa ignorancia de la realidad de su "querido pueblo".

En los últimos años, el cáncer se ha convertido en una epidemia. No se sabe a ciencia cierta la causa, no se conoce una cura certera y definitiva, y los tratamientos son tan costosos que pueden significar la ruina o la condena de muerte para muchos pacientes y sus familias. Cada día es más común entre la gente, pero al presidente le parece algo excepcional.

Durante mis años ejerciendo el periodismo y la producción audiovisual en Venezuela, me encontré en miles de ocasiones con llamados desesperados de personas que no podían conseguir los medicamentos para la quimioterapia, otros que denunciaban no poder encontrar una manera de hacerse la radioterapia porque las listas de espera en los hospitales eran kilométricas y los servicios privados les resultaban costosos, muchos que tampoco lograban extirparse los tumores por las mismas razones e incluso una buena cantidad de aquellos que, habiendo costeado todo lo anterior, ya no tenían para comer.

Probablemente la gran mayoría de quienes lean habrán tenido un familiar o conocido que haya pasado por esto. En mi caso particular, he tenido familiares que han sufrido este calvario, algunos aún entre nosotros, y algunos, aunque terminaron encontrando la tan deseada paz, lamentablemente nos miran sin que nosotros podamos mirarlos, y por eso los extrañamos.

Más allá del drama médico, psicológico y emocional que toda la situación representa en privado, hay un rostro bastante  público de la enfermedad cuando nos encontramos a esta multitud de personas rogando desesperadas por su vida, tocando infinitas puertas para poder salvarse o salvar a su familiar o allegado.

Y para rostros públicos, muchos recordarán a la muy apreciada Eva Ekvall, quien terminó representando con un rostro visible, tras su lucha y su posterior fallecimiento, a millones de combatientes anónimos.


Pero aquellos que nos miran desde lo alto de sus pedestales presidenciales parecen no haberse percatado de la situación de millones de personas que sufren a diario con este mal, y por eso tal vez les parezca "extraordinario" que esta enfermedad finalmente haya terminado por tocar a sus puertas, luego de haber cubierto la cuota con cientos de miles.

Para estas deidades a las que aparentemente no pueden tocarlas los males cotidianos, sólo una conspiración imperial les resultaría una explicación satisfactoria para estar ahora pasando por la realidad que un buen porcentaje de su pueblo pasa sin recibir respuestas.

¿Acaso no está al tanto el mandatario venezolano de las cientos de personas que llegan todos los días a las puertas del palacio de Miraflores pidiendo una ayuda a la presidencia para poder tratar su enfermedad?

Sólo puedo preguntar, ¿en qué planeta vive Chávez para creer extraordinario el hecho de que él y estos mandatarios tengan cáncer cuando más de siete millones de personas en el mundo han muerto por esa enfermedad?

Y eso sin contar los que lograron curarse.

Es una epidemia. Y ellos no la vieron hasta que no les llegó su día.

3 comentarios:

Naia dijo...

¡Muy bueno este post que hiciste! Al respecto mira esta explicación que da el Dr. Salomon Jakubowicz al respecto; pone en evidencia la conspiración meeeesma que se está dando: http://www.lapatilla.com/site/2011/12/29/salomon-jakubowicz-revelado-el-complot-del-cancer-de-los-presidentes/
¡Un abrazote Comai!

Miguel A.Cipriano dijo...

De verdad que cuando uno piensa que perdió la capacidad de sorpresa, aparecen cosas como estas que solo pueden ser indicativo de delirio

Juan Carlos Rodriguez Moreno dijo...

Uno no sabe que pensar.. pero ideas como estas lo que hacen es desvariar sobre las personas y su capacidad actual de ser quienes realmente dicen ser... :S