viernes, 25 de julio de 2008

El síndrome del ranchito en ruinas

Cuando llega la temporada de lluvias, es una imagen recurrente la de los ranchitos que se caen de las montañas como un castillo de naipes, dejando familias enteras sin hogar y sin sus respectivos enseres.

Siempre nos encontramos en el noticiero a la señora a la que el bombero le dice que desaloje porque el rancho se le va a caer. Ella le dice que no tiene a donde ir, que no se puede ir de allí. Acto seguido, el ranchito se cae con todo y señora. Ella no entendió que, si no hacía caso, no sólo no iba a tener a donde ir, sino que tampoco iba a tener cuerpo para ir a ninguna parte.

Este síndrome es aplicable a diversas realidades del venezolano. Recuerdo, durante tooooodo el desarrollo del régimen chavista, ver repetido el síndrome una y otra vez. ¿Alguien escuchó -o peor aún, dijo- el famoso "nooooo, yo no creo que se atreva, yo no creo que lo dejen"?

Sucedió una y otra vez, con la ley de tierras y las expropiaciones, la ley resorte, el cierre de RCTV y pare de contar. Hasta que llegó el 2 de diciembre y la historia fue otra.

El caso es que a la gente se le advirtió, pero aún así se cayeron con todo y rancho por escépticos.

Simplemente pareciera que, al menos en Venezuela, no existiera visión de futuro. La señora del rancho aparentemente no tuvo visión de futuro para ver que -en serio- el rancho se iba a caer y ella se iba a morir con todo y familia. Un buen porcentaje de venezolanos no tuvo visión de futuro para pensar que un militar ex golpista con un extraño pasado, que llegó al poder diciendo "no presentaré programa de gobierno porque no perderé el tiempo haciendo promesas que no voy a cumplir", no era buena idea para futuro presidente.

Ni siquiera en los primeros años a alguien se le ocurrió que era mala idea continuar con un presidente al que por poco le cae el cuadro de Bolívar encima en plena cadena. Tampoco lo supusieron cuando, en otra cadena, el mismo personaje dijo "darle cauce pacífico a una revolución en Venezuela..." y se le rompió la silla donde estaba sentado...

(si alguien duda que aún me sepa esa frase de memoria, lo tengo grabado)

Hace años, varios ingenieros, arquitectos y urbanistas alzaron el dedo para ver la dirección del viento y pintar a inspiración tendida -así parece que sucedió- cada zona de la ciudad. Ni hablar del centro con sus varias calles de UN SOLO CANAL, diseñadas como si Caracas fuese a tener 50 carros eternamente.

Siempre he dicho que el futuro no es una tabla de Excel. Menos en un país en que las cucarachas vuelan y lo imposible sucede tres veces al día, en el que hay que mirar a ambos lados para cruzar una calle flecha y al que los turistas se atreven a venir confiadamente sin siquiera hablar nuestro idioma, y los tratan mejor que a uno.

Pero hay cosas previsibles, existe el sentido común. Sólo que es el menos común de todos los sentidos.

Aquí se nace -supuestamente- con la arepa bajo el brazo. Basta que alguien la rellene de sentido común y se la devore...

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