sábado, 17 de noviembre de 2007

La maldición de las "amas de casa Pantene"

Alguna vez intenté usar Pantene. El cabello se me veía hermoso pero se me caía. Definitivamente me gusta que se vea bien mi cabello, siempre y cuando permanezca pegado a mi cabeza. Pero ese no es el caso de hoy.

La nueva serie publicitaria de Pantene incluye a reconocidas (para quien está en el medio) modelos publicitarias de entre 24 y 28 años, altas, delgadas e impecablemente arregladas a quienes se les coloca el insert "Fulana de tal. Ama de casa" mientras dan declaraciones de lo maravilloso que es el spray para peinar de Pantene.

Lo primero que se me viene a la cabeza preguntar es de donde sacan a esas "amas de casa". Hasta donde yo se, ama de casa no es la mujer que no hace nada con su vida, tiene una señora de servicio que hace todo lo que la "ama de casa" solía hacer y cuyas principales ocupaciones sean ir al spa, salón de belleza, café o cocktail de turno.

Pero eso es lo que se pensaría de una ama de casa como las que se muestran en estas cuñas. Peor aún, esta marca, al igual que muchas otras, se han hecho especialistas en lograr que sus "falsos testimoniales" se hagan cada día más falsos.

En paralelo, productos de consumo masivo intentan ser cada día más populares. Tan populares que enferman, rebajando a la gente a niveles insospechados.

He aquí una revelación para "el cliente", nefasta figura que, paradójicamente, les da de comer a los creativos publicitarios mientras hace sus vidas miserables:

No tener un amplio poder adquisitivo no es sinónimo de ser un macaco ignorante. Y el tenerlo tampoco es sinónimo de ser una idiota descerebrada con mucho sentido del fashion.

Otra revelación: por increíble que parezca, cada día somos más los que esperamos que nos sorprendan. Continúo, cada día hay más publicidad, más periódicos, más revistas, más televisión, radio, internet y medios que se parecen los unos a los otros.

La lucha de hoy en día es lograr ser diferente en un medio homogeneizado en el que todo ya está dicho. No creo que esa maravillosa proeza se logre con falsos testimoniales ni con la errada sazón popular de las cuñas de detergente.

1 comentario:

Juan dijo...

gracias a dios que yo heredé el cabello de mi madre