miércoles, 4 de diciembre de 2013

ESPECIAL ELECTORAL - El llamado a la abstención: Una queja sin propuesta

En medio de la serie sobre los llamados "especuladores", no podía dejar de hacer mención al tema electoral, ya que el voto es una de esas pocas alternativas que te quedan para expresarte...
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Es FRUSTRANTE para los venezolanos que no están de acuerdo con el Gobierno Chavista ir a votar una y otra vez y sentir que su voluntad es tergiversada. Es aún MÁS FRUSTRANTE ver que, cuando intentan alzar su voz y ser escuchados por los funcionarios que se supone están para servirlos, son ignorados.

No sólo ignorados. Humillados, disminuidos, relegados a un estatus de venezolanos de tercera, si es que siquiera se les reconoce su venezolanidad, ya que a veces se les llama apátridas, como si alguien tuviera el derecho de arrebatarte tu nacionalidad con sólo decirlo.

Más que humillados, descalificados, calumniados cuando son llamados "agentes de la CIA", "conspiradores", "desestabilizadores", simplemente porque no están de acuerdo con la manera en la que se llevan las riendas del país. Simplemente porque ven a la nación (la nación de todos, no solamente de ellos) hundirse en la miseria y no quieren ese destino para el lugar que los vio nacer.

Por eso, cuando en la última elección presidencial no sólo se alteró el resultado electoral, se desaparecieron papeletas de voto y se negaron todos los recursos legales que podían llevar a un conteo de votos o verificación de los resultados, el grito en las redes sociales fue unánime: NO VOTO MÁS.

Así, con mayúsculas, bien grande y con lágrimas en la pantalla. Como cuando una pareja con 14 años tratando de entenderse se hiere hasta un punto irreversible: tomas tus cosas, cruzas la puerta y no vuelves más.

Es completamente comprensible el origen del sentimiento: ¿para qué seguir los canales regulares si el Gobierno se va a seguir burlando de nosotros? El texto a continuación intenta proveer algunas respuestas.

1. Porque ya lo intentamos antes y no resolvió absolutamente nada


No sólo no resolvió nada, sino que empeoró drásticamente las cosas. ¿Recuerdan lo que pasó en las elecciones parlamentarias de 2005? Yo todavía me acuerdo. En ese entonces, cerca de cumplir los 20 años, vi como los candidatos de la oposición se retiraron de las elecciones porque "no creían en el sistema electoral".

Foto: Arroz do ceu (CC)


Como resultado, aún con más de 70% de abstención, pasamos a tener una Asamblea Nacional 100% alineada con los intereses del Gobierno, hasta que varios parlamentarios abandonaron su tendencia oficialista y decidieron pasar a formar parte de la oposición. Si no fuese por esos pocos, la oposición hubiese pasado el período entero sin representación en el hemiciclo donde se aprueban las leyes que nos rigen.

Por supuesto, no tener representación acarreó una aceleración de las medidas económicas que llevan a Venezuela a su estado actual.

2. Cualquier candidato puede ganar con un sólo voto a favor si no hay votos en contra


En Venezuela no existe legalmente ninguna de estas restricciones para que una elección sea declarada válida:

- No hay un mínimo de personas que deba acudir a las urnas
- No hay un máximo de abstención
- No hay un mínimo de votos a favor que un candidato deba obtener para ser electo
- No hay elecciones desiertas siempre y cuando alguien vote, así sean los mismos candidatos

Por lo tanto, la abstención no sólo no mejora las cosas, las empeora considerablemente.

3. Porque siempre es importante tener pruebas en la mano


Aunque muchos están cansados de escuchar que "no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista", lo cierto es que los regímenes no democráticos tienen fecha de expiración, sea por factores externos o internos.

Ya lo hemos visto antes en otros países, e incluso en el nuestro. Lo más interesante en este proceso de transición siempre es el "destapado de ollas", en el que se descubren cientos de miles de irregularidades que antes no salieron a la luz pública. Sin embargo, la única manera en que esto puede descubrirse es que existan evidencias que alguien pueda encontrar algún día.

El voto, aunque irrespetado, es el testimonio que queda por dar, es la prueba de que aquellos que hoy no son escuchados existen, aunque hoy sea negado -no tres sino mil veces- por el Gobierno que le teme ante su incapacidad de trabajar en consenso.

Foto: campaña Un Mundo Sin Mordaza


Es tan simple como eso: en un país donde no existe un mínimo de votantes requerido para que una elección sea válida, no votar voluntariamente es como no existir.

¿Estás dispuesto a renunciar a tu manifestación de existencia?

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