lunes, 23 de febrero de 2009

Ineptitud, proselitismo... ¿o todas las anteriores? parte I

Hace un mes comencé a trabajar en un programa televisivo de mediación de conflictos a través de la justicia de paz. En ese momento, me recomendaron contactar a consejos comunales para ofrecerme a resolver problemas comunitarios por esa vía.

Comencé por el consejo comunal de mi zona y logré contactar a algunos otros que estaban en contacto con éste. Sin embargo, para poder acceder al mayor número posible y hacerles llegar mi oferta, debía acudir a la fuente principal: Fundacomunal.

En esta institución, los consejos comunales acuden a registrarse y formalizar su existencia. A través de este ente, funcionan.

El procedimiento parecía sencillo: expones en una carta el motivo por el que quieres acceder a los consejos comunales y ellos te ofrecen dos alternativas dependiendo del caso: te otorgan el listado o designan a un promotor que sea intermediario entre los consejos comunales y el o los solicitantes.

En primer lugar fui a la sede principal de Fundacomunal, en Chacaíto. Me tocó esperar porque no había finalizado el horario de almuerzo y no había nadie que me pudiera atender. Cuando finalmente llegué hasta la persona indicada, me informaron que debía ir a la sede de Fundacomunal en El Guarataro, y que allí me darían el listado.

Llamé a la sede y fui telefónicamente peloteada por los siglos de los siglos. Después de rebotar por toda una cancha de tenis, me indicaron que debía escribir una carta dirigida a la Coordinadora del Distrito Capital.

Al día siguiente (6 de febrero) ya estaba dejando la carta en las oficinas. La persona no me atendió, así que tuve que dejar mi carta con la asistente, y pedirle la firma y sello respectivos.

Al día siguiente llamé para confirmar la recepción y nadie me atendió. Repetí el procedimiento hasta el 11 de febrero, cuando su asistente me atendió y me dijo casi textualmente: “es que nosotros ahorita estamos full con lo de la enmienda y no estamos atendiendo más nada, llámala después del lunes”


No sé qué me indigna más: que hubiesen pasado ya cinco días desde que introduje la carta y ni siquiera hubiese recibido una confirmación de parte de la persona a quien iba dirigida; o saber que la razón por la que la maquinaria estatal estaba completamente paralizada y desatendiendo las necesidades de la nación era la campaña por la enmienda.

Si yo estuviese tratando de contactar a los consejos comunales porque mi abuelo dejó una herencia multimillonaria y su última voluntad fuese la repartición del dinero entre estas organizaciones, se estarían perdiendo de unos recursos que bien necesitan, porque la persona encargada de enlazarme con ellos está muy ocupada forrando Caracas con afiches del Sí.

Continuará...

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