viernes, 16 de enero de 2009

La nueva Venezuela llegó al estadio

En estos días veía con mi novio un partido entre el Manchester y el Chelsea, y él me hacía notar que, en el estadio, las gradas estaban tan cerca del terreno que bastaba estirar la mano para agarrar a un jugador, o pasar la pierna para entrar al campo. Luego me dice: pero son dos semanas de cárcel si lo haces.

Los partidos de cualquier deporte son una ocasión propicia en que la sociedad desborda su lado menos civil. Incluso los países más desarrollados hacen en estas ocasiones la catarsis que ya no se ofrece en bacanales.

El béisbol venezolano no es la excepción (ni el fútbol, ni nada) Aunque aún no he tenido la oportunidad de ir a un juego de béisbol acá, sí he estado -y trabajado- en los partidos de fútbol de la Vinotinto. Típico que en las gradas un par de idiotas comiencen a rociar cerveza y a lo mejor otro par inicia un conato de pelea-disturbio-bingobailable que no termina en nada.


Esta temporada he notado como en por lo menos el 60% de los juegos hay que parar por un buen rato, desplegar funcionarios y hasta guardar a los jugadores porque la gente se apasiona y comienza a lanzar al terreno (y a los jugadores) lo que se encuentra mal parado bajo los asientos.

Si bien no era raro ver alguna que otra pelea a la salida del estadio, me consta que en temporadas anteriores la situación no era tan mala como para que hubiese que interrumpir partidos a cada rato porque la gente no se comporta. Me consta porque fui criada con un gran fanático de los Leones, viendo las temporadas desde muy pequeña (aunque la memoria no me dé para memorizar una sola estadística)

En posts anteriores que yo misma no puedo ni evocar en este momento he tratado el tema de la descomposición social, y de como el gobierno actual es un simple reflejo de lo que quiere una buena porción de la sociedad. Cuando veo las situaciones que se presentan actualmente en la pelota venezolana me pregunto, ¿será que esta descomposición ya penetró el estadio?, ¿será que el terrible sistema reinante en el país también lo hizo?

Es decir, si una actitud por el estilo sucede, y hay una penalización a lo Manchester, el segundo lo va a pensar bastante antes de incurrir en el hecho. Pero en el estadio no sólo entró la creciente falta de civilidad, sino el terrible (¿inexistente?) sistema de premios y castigos de nuestra sociedad.

Me parece oir a las autoridades decir "total, esto ya está muy jodido, arréglenselas ustedes"

¿Increíble? ¿Acaso no recuerdan cuando el Metro era un ejemplo de civismo y la gente se comportaba distinto cuando lo abordaba? Si tienes tiempo sin usarlo, te recomiendo abordar Plaza Venezuela a las 7 am. Hazlo y me cuentas. Te reencontrarás con tu Ser Supremo si sales vivo.


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3 comentarios:

Jefferson dijo...

Bueno lo de los disturbios en los estadios es algo muy generalizado. Van desde los Estados Unidos hasta Japón, pasando por nuestro país. Pienso que la violencia deportiva no se genera por una descomposición social en todo el país, más bien es un desahogo que tenemos los humanos cada semana al ver a dos equipos pelearse un título. Acuerdate que esto viene desde los Mayas. Deploro la violencia en el béisbol, pero también deploro la actitud de los Hooligangs del Manchester después de cada partido.

Angie Rodríguez dijo...

o que me hace pensar que acá puede tener algo que ver con descomposición social es que nosotros no somos una sociedad que se reprima pensamientos o sentimientos. No tenemos nada que ir a canalizar en el estadio porque no nos guardamos nada, como sí sucede en otras sociedades...

Y ciertamente, en otros países, especialmente los más desarrollados, la violencia deportiva es mucho más ruda. Pero precisamente, allí vives inmerso en un sistema, en una sociedad bastante fría y con la costumbre de reprimirte. No es aceptable pero tiene más sentido sociológico que acá...

Álvaro Rafael dijo...

El Gobierno es el encargado de "fijar" las pautas de la sociedad, por su condición de "cabeza del Estado"... y cuando el pueblo recibe desde lo alto del Poder un mensaje violento, no es para menos que reproduzca ese lenguaje en todos los ámbitos.